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LAS BONANZAS EFÍMERAS EN LA HISTORIA DEL PERÚ: ANÁLISIS DEL ECONOMISTA BRITÁNICO VICTOR BULMER-THOMAS

Publicado: 2012-12-04

Por Arnold Piedra y Nadir Almonacid

“No conocemos la respuesta sobre el final de la actual bonanza minera, no hay mucho tiempo, hay muchas oportunidades y el Perú tiene que aprovechar la gran ventaja”, fue el mensaje principal del economista británico Victor Bulmer-Thomas en la conferencia 2 siglos de bonanza minera en Perú, ¿será diferente esta vez?, realizada en el Centro de convenciones del Colegio Médico “Daniel Alcides Carrión” en el marco del 75° aniversario de la Asociación Cultural Peruano Británica.

El evento, organizado también por la editorial inglesa Cambridge University Press, contó con la presencia del embajador británico James Dauris. Bulmer-Thomas, quien además es profesor emérito de la Universidad de Londres, estudió la historia y economía del Perú, así como casos de otros países, para presentar sus proyecciones en el contexto del actual crecimiento económico, explicando la interrelación de ambas ciencias en la construcción del futuro: “La Historia es más importante para los economistas que la Economía para los historiadores”.

Las cuatro bonanzas en la historia peruana

“Quien no comprende la Historia está condenado a repetir sus errores”, señaló Bulmer-Thomas al empezar su exposición sobre las bonanzas en la historia peruana, mencionando que el Reino Unido fue el primer socio comercial de la joven república, financiando al Perú durante su emancipación para después convertirse en el principal inversionista en el país durante el siglo XIX.

La primera bonanza fue la del guano entre los años 1840 y 1880, a través de las exportaciones a Gran Bretaña, que vivía la etapa de la Revolución Industrial. El año pico fue 1863, cuando el PBI per cápita peruano llegó a ser un 20% superior al estadounidense, pero al final el valor de las exportaciones decrecieron hacia inicios de la Guerra del Pacífico, por lo que el país terminó en iguales condiciones que 1840.

La segunda bonanza se dio entre los años 1892 y 1932 a través de productos diversificados como caucho, azúcar, lana, café, algodón y petróleo. En este periodo el Reino Unido es desplazado por los Estados Unidos como el principal socio comercial del Perú, y el año pico fue 1920, seguido de un decrecimiento que al final llevó a que el país volviera a ser igual de pobre que en la postguerra con Chile.

La tercera bonanza se dio entre los años 1944 y 1984, esta fue generada por las exportaciones de cobre, plomo, oro, zinc, lana, café, y el boom pesquero. Esta bonanza terminó hacia la primera mitad de la década de los 80, época en que la economía peruana entró en una grave crisis, mientras que el año pico fue 1962.

La cuarta bonanza es la actual y se inicio en el año 2001, siendo originada por todas las exportaciones mineras más las de otros productos. Según la investigación del académico las tres primeras bonanzas duraron un lapso de cuarenta años y cada una tuvo en medio un determinado año pico en el cual las exportaciones llegaron a su valor más alto, generando un auge económico.

Sin embargo, estas bonanzas gráficamente se dibujan como curvas ascendente-descendentes que al final dejan al país igual que al inicio del periodo, lo cual es prueba irrefutable de lo que conocemos como prosperidad falaz. Para tener una idea, en 1944 el PBI per cápita de Perú era sólo el 8% del estadounidense, en 1962 llegó a ser el 12%, y finalmente en 1983 volvió a ser el 8%.

Los riesgos que amenazan las bonanzas

El economista británico explicó seis factores que causaron el fin de las tres bonanzas. El primer factor son los productos extranjeros que sustituyen las exportaciones a causa de sus precios baratos, como sucedió con el añil o índigo salvadoreño, el cual no pudo competir con los tintes sintéticos producidos en Alemania.

El segundo factor es el proteccionismo de los mercados con elevados aranceles como el caso de la industria del tabaco en Cuba. El tercer factor es el agotamiento de la oferta, como la que perjudicó las exportaciones de Belice o la que acabó con las bonanzas del guano y la pesca en el Perú. El cuarto factor es la oferta mundial de rápido crecimiento con impacto negativo sobre el precio internacional de los productos, como sucedió en el caso de las exportaciones de estaño de Bolivia.

El quinto factor es la demanda mundial estancada, como el caso de la producción de plata en México, y el sexto factor es la escasez en la oferta de mano de obra, como la que afectó a la producción de azúcar en Jamaica en el siglo XIX. Para la bonanza del presente siglo, Bulmer-Thomas añadió dos nuevos factores de riesgo: la lucha política interna y la oposición social por temas ambientales, como sucedió recientemente con el proyecto minero Conga.

El futuro de la cuarta bonanza

Según cálculos del académico la bonanza actual probablemente tendrá su año pico entre los años 2020 y 2030, y finalizaría en 2040, pero solo es una posibilidad basada en la similitud de las tres bonanzas anteriores. Lo cierto es que el auge económico, también llamado “Milagro Peruano”, fue producto de la subida de los precios internacionales de los minerales, mientras que el volumen de las exportaciones fue casi constante durante años, y cuando los precios bajen la actual bonanza terminará, repitiéndose el mismo ciclo, a menos que el país diversifique su industria y deje de depender exclusivamente de materias primas.

El Perú tendría que aprovechar la actual bonanza minera para incursionar en la producción de bienes y servicios de mayor valor agregado que incrementarían su PBI, para lo cual habría que empezar añadiendo valor a las materias primas como actualmente está haciendo México con el petróleo. “Diversificar la producción es el gran sueño, pero si el Perú quiere insertarse, por ejemplo, en el campo de las manufacturas tendrá que ser muy competitivo y eficiente para tener éxito en el mercado mundial”, enfatizó el británico.

Tres aspectos importantes que el Perú debe considerar: la inversión en infraestructura física, como está pasando en China; realizar inversiones en el exterior, como lo está haciendo Kuwait; y potenciar el capital humano (educación y salud), como sucede en México. “Hay que formular las prioridades para las ganancias que vienen de la bonanza. Invertir en capital humano combate la improductividad y la desigualdad”, sentenció Bulmer-Thomas.


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