“La obra humana más bella es la de ser útil al prójimo”.
Sófocles.
Por María Claudia Medina y Mónica Martínez.
Luego de haber estado prácticamente internada en un hospital, atendiendo a su esposo que sufría de cirrosis, Pilar se dio cuenta que había mucha desorientación en los trámites y formalidades que se debían realizar cuando sucede lo peor. Por esta razón, quiso ser voluntaria en el Hospital Sabogal, a fin de cuentas, ya conocía todos sus ambientes.
Todos los lunes se levanta muy temprano, le da el desayuno a su hijo y lo manda al colegio. Sin embargo, la faena recién comienza, decidió ir los lunes porque es el día en que hay menos voluntarios y paradójicamente más público. Vestida de blusa blanca y pantalón negro se dirige muy puntual al hospital, registra su asistencia y revisa que área le corresponde. Al preguntarle qué sector del hospital es el que más le agrada, se asoma una gran sonrisa y sus ojos brillan. Y es que es en neonatología donde Pilar se convierte en el nexo entre la madre y los familiares.
Ella apoya a las madres que no saben dónde están sus bebés y a los familiares que quieren saber dónde está la madre, si ya dio a luz o si sigue en emergencia. “Todavía no da a luz, pero está dilatando”. Los primerizos son los más preocupados, agrega Pilar.
Se alegra de que cientos de veces haya podido anunciar buenas nuevas, “su esposa se encuentra bien y su hija también, es mujercita, ya las están atendiendo”. También hace pasar los “encarguitos” como agua o pañales. A veces, para bajar la tensión en la sala de espera, bromea con los familiares sobre a quién se parecerá el recién nacido “felicitaciones, la señora está muy bien, ya dio a luz y está sanito, creo que se parece a usted, jajaja”
Pero allí no acaba su labor, el vínculo que forja con las parturientas es tan fuerte que le tienen la confianza suficiente para preguntarle qué nombre ponerle a su bebé. Por sus creencias cristianas siempre sugiere nombres bíblicos, así salen del hospital pequeños con el nombre de Mateo, Marcos, Lucas o Juan.
Lamentablemente, en un hospital no todas son alegrías. A Pilar no le gusta el lado de emergencia terminales, gente echada con miles de aparatos y no puede dar buenas noticias a sus familiares, solo prepararlos para lo inevitable. Ahí ella se vuelve un verdadero pilar de consuelo. Nunca hay un paciente que se mejora, simplemente no los vuelven a ver.
Así sucedió con un señor que padecía una rara enfermedad, no podía mover sus músculos. Su extraño mal se incrementó después de la muerte de su niño de dos años, el pequeño falleció por una negligencia de él y de su esposa. A raíz de eso, bajaron sus defensas y se acentuó la enfermedad. Llegó a cada músculo de su cuerpo hasta el estómago, ya no podía cumplir con su función digestiva y era alimentado solo por sondas, lo llevaron a UCI(Unidad de Cuidados Intensivos) y no supo más de él.
Siempre que algo así la conmueve, piensa en su hijo y recobra las fuerzas para continuar la jornada. Ella es la más voluntariosa de todas, está convencida de que su lugar es ése, ahí donde se suceden las lágrimas y las sonrisas.

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